Las Increibles Aventuras de Norman Viento

Norman no es un tipo con miedos, tampoco es valiente ni mucho menos un visionario, no es un ganador aunque alguna que otra vez le ha tocado ganar y por supuesto ha perdido mas de lo que debiera. Pasa los días, uno tras otro pensando como dar un giro a su aburrida vida, sin saber que cualquier día será la vida quien se tome la pena de girarlo

Monday, February 04, 2008

Las Increíbles Aventuras de Norman Viento (VII)

Era tanto lo que le hervía por dentro que apenas acertó a medir su fuerza o la del tipo al que estaba a punto de enfrentarse. Había echado mucho de menos aquello, y todavía no lo sabía. En una fracción de segundo ya se encontraba frente al gordo, que se había terminado de girar, lenta y torpemente aunque no demasiado para un tipo de su altura y envergadura. Norman no esperó, no articuló palabra ni trató de buscar una respuesta al porqué de la bala que todavía le quemaba en el hombro, sin dejar de mirar a los ojos de Alvés le asestó un cabezazo tan seco como certero, tan duro como rápido y aquelló sonó a tronco hueco, a náriz rota. Pancho alvéspudo saber entonces como serían mil caballos galopando sobre uno mismo, cayó de espaldas sobre la puerta que el mismo había derribado segundos antes y notó el sabor a sangre que ahora le brotaba de la náriz, trató de incorporarse sin demasiado éxito, Norman no iba a dejarle pensar y así se lo hizo saber de inmediato. Se sentó sobre el exactamente de la misma forma en que la rubia había cabalgado con el la noche anterior, y comenzó a golpear sin piedad ninguna el rostro del asesino. a medida que descargaba toda su ira se sentía mas y mas aliviado, los puños rojos, mezcla de los golpes y de la sangre que le manchaba y la mirada fija en aquel tipo...¿quién era? ¿porqué no lo había matado? Alvés tampoco dejaba de mirarle, si es que podía ver algo puesto que la sangre le tintaba ya la cara entera, y aún así no se quejaba, había aprendido, como tiempo después sabría Norman, a resistir cualquier golpe y no dar nunca al contrincante la satisfacción de verle sufrir. Esto sólo hacía a Norman golpear cada vez mas fuerte, alternando los puños como si de un ejercicio de gimnasio se tratase, soltaba el puño izquierdo, después el derecho...así una y otra vez sin resentirse del brazo herido y dejándose embargar por todas las emociones que ahora corrían por su piel. Tanta guerra contra si mismo, tanta guerra contra el mundo que libraba en su interior...este tipo iba a pagar por todos, por todas las cosas que no había sabido arreglar, por las que aún le quedaban por arreglar, por aquella estancia sin sentido en un país desconocido y por haber perdido el miedo a todo. Eso era. El miedo. Todo lo que antes no le había dejado actuar, todo lo que siempre le había frenado no era mas que el miedo, el maldito miedo, esa estúpida sensación que siempre había tenido desde niño. No ser suficientemente bueno, ni lo suficientemente listo, no ser valiente ni decidido...no ser competitivo. el miedo a decepcionar a los que creían en él, y el miedo a no conseguir nunca nada de lo que se propusiera. Se había ido, ya no tenía miedo, sólo rabía. La rabia que salía desde muy dentro y que Alvés podía sentir mas allá de los golpes. Recordó que también en Sevilla el miedo se iba siempre que dejaba salir su rabia. Hacía rato que desde el suelo Alvés no se movía, aunque seguía respirando. Norman sabía que debía acabar aquello que había empezado. Debía matar al tipo y salir de allí, huir de la ciudad y quizá del país, sin dejar ni huella. Se paró a pensar un segundo, ahora si, en las consecuencias de sus actos. Desde luego no conocía del todo bien el funcionamiento de las leyes argentinas pero sabía que un gallego y dos fiambres argentinos en la misma habitación no podrían dar mas que con sus huesos en la cárcel y no eran precisamente las cárceles argentinas como las españolas. ¿ Y si eran marido y mujer? ¿y si Norman se había visto implicado en un crimen pasional sin saberlo? quizá la rubia le metía los cuernos al gordo y éste, tan harto de ella como de su cornamenta la había seguido aquella noche hasta aquel picadero de San telmo. En ese caso estaba realmente jodido, ningún jurado le perdonaría dos muertes, una directa y otra no tanto...podría alegar defensa propia pero el gordo había fallado el disparo a posta, ni tan siquiera lo había querido mirar. Además se había ensañado con el hasta el punto de desfigurarlo a golpes.
¿por qué no había querido matarlo? Algo no cuadraba del todo, Ninguno llevaba anillo, en el caso de la rubia era algo lógico si había salido a cazar hombres, pero en el caso del tipo era distinto. Por otro lado tampoco se podía imaginar Norman una pareja así. Había algo mas, algo que no sabía, por eso debía huír y procurar que el gordo no lo recordase, o no viviera para contarlo. Se escuchaba así mismo respirar y nada mas. Con semejante revuelo la policía ya debía haber llegado, los vecions habrían alertado a los cuerpos de seguridad...nada. De nuevo la sospecha de que todo iba mas allá de lo que allí estaba sucediendo realmente. En toda la noche no había visto a nadie mas, ningún ruído de pasos en la escalera, ni de puertas abriendo o cerrándose, ningún teléfono resonando temprano en la mañana. Silencio. Levantó su brazo herido, notando esta vez el dolor de la bala que seguía dentro, quemándole. Pancho le clavó la mirada, sabía que todo iba a acabar pronto. Se detuvo antes de aceptar su muerte a mirar al tipo que lo había tumbado a base de golpes. Tenía cierto aspecto triste, y así le había parecido también la noche anterior. Una mirada vacía de todo que parecía mirar siempre algo que no estaba en la habitación, ni en ningún otro lugar, pero que se clavaba tan dentro que le hacía sentirse desnudo, estúpidamente frágil y observado, pero no juzgado. Norman tenía cierto aspecto de predicador: El pelo ondulado que le caía por los hombros y la media barba que siempre acostumbraba a llevar, la tez morena de caminar siempre al sol, fuera verano o invierno, ese sol que tanta vida le daba...los ojos verdes que nadie acostumbraba a mirarle nunca...le conferían ese aspecto de mesías, un mesías del dolor que con medio cuerpo bañado de la sangre que escupía el hombro se disponía a asestar el último golpe a su presa. Norman golpearía una vez mas al tipo, un golpe seco en la traquea que con suerte hundiría su nuez a la primera y lo asfixiara pero ya no le quedaba nada dentro. Notó un escalofrío de dolor recorrerle la mitad de su torso y guardó las pocas fuerzas que le quedaban para pensar en cómo salir de allí sin llamar demasiado la atención, en cómo curar aquella herida de bala sin pasar por ningún hospital y lo mas importante, en el camino que iba a seguir a partir de ahora. Alvés había salvado su vida a costa de la poca que le quedaba a Norman dentro por la sangre perdida a causa del esfuerzo. Cerró los ojos para descansar aliviado mientras esuchaba a Norman recoger la habitación tambaleándose, rebuscar entre sus cosas y las de la rubia y encontrar por fin las llaves del coche que había manejado hasta llegar allí. "No la gastas mal gordo cabrón..." Un mercedes último modelo no era precisamente lo que norman viento necesitaba para no llamar la atención pero si era el mejor medio de llegar cuanto antes lo mas lejos posible y al mismo tiempo retrasar a Pancho en cualquier intento de pedir ayuda. Se llevó también toda su documentación y el bolso de la rubia, ella ya no lo necesitaba.

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