Las Increibles Aventuras de Norman Viento

Norman no es un tipo con miedos, tampoco es valiente ni mucho menos un visionario, no es un ganador aunque alguna que otra vez le ha tocado ganar y por supuesto ha perdido mas de lo que debiera. Pasa los días, uno tras otro pensando como dar un giro a su aburrida vida, sin saber que cualquier día será la vida quien se tome la pena de girarlo

Tuesday, May 15, 2007

Las increíbles aventuras de Norman Viento (IV)

Aunque a Norman le hubiese gustado que aquella tarde no se alargara demasiado no pudo evitar ver amanecer aquel día junto a los que después de tanto tiempo le demostraban entonces que seguían a su lado. Probablemente mantener el contacto sería difícil, cada uno con su trabajo, sus proyectos personales, sus rutinas y obligaciones familiares...pero supo que todos los que habían acudido a la cita responderían al teléfono siempre que él llamara. Algo tan sencillo como eso se había convertido para Norman en una cosa excepcional después de todo lo acontecido. Es horrible gritar y que no te escuchen, pedir ayuda y que aquel que te la pueda dar no quiera oír. Responder a una llamada y calmar una tormenta dentro de otra persona. Siempre se necesita aquello que nos quitan, y si se trata de la simple necesidad de expresarnos la existencia puede llegar a ser sofocante, las preguntas se acumulan sin encontrar la respuesta, las conversaciones que imaginamos afloran en nuestros sueños y volvemos a pensar en esas respuestas que no vamos a obtener, esas escenas de teatro que a veces montamos en nuestra cabeza antes de dormir, o al despertar y que suelen acompañarnos en los momentos del día en que nuestro pensamiento no tiene o no quiere otra cosa en que ocuparse. Ya en la mañana, bien temprano se encontraron todos en el río, a la vera del Guadalquivir en el margen de la ciudad, mirando por frente a la calle Betis, en Triana. Sentados todos mirando nada, cada uno con sus vueltas de cabeza, cansados por una larga noche, por tantas emociones y tantas cosas que contar, por tanta risa contenida y no contenida, tanta demostración de afecto y añoranza transformada en abrazos y agitaciones...las ideas se agolpaban en cada uno, muchas cosas de que hablar, muchas cosas ya habladas y tantas otras que aún no habían acertado a recordar...ahora les sobraba el tiempo. Querían ver amanecer y después desayunar algo, unos churros, como en los viejos tiempos allí en el Kisoko frente a el arco de la Macarena, pero el sueño les iba venciendo, poco a poco se iban recostando unos sobre otros como ya habían hecho tantas veces en el pasado, tumbando sus cuerpos sobre la hierba e improvisando almohadas humanas de forma que ninguno se quedase sin cobijo en aquella gran cama de vida que se iban inventando. A las 7'16 minutos Antonio tuvo la ocurrencia de avisar a los demás: " Me temo amigos...que va a estar nublado el día, el sol ya debería haber salido hoy" - "!Me encantan los días nublados!" dijeron a la vez Norman y Eva, y se miraron todos extrañados, ellos con una sonrisa cómplice, ambos sabían muy bien que al otro le gustaban y siempre en los calurosos veranos de Sevilla aprovechaban las pocas nubes que se dieran para salir a pasear tranquilos en la mañana, con poca gente, a observar todo con mas calma, con otros colores...incluso con otro olor. Después de aquello no dudaron mas, la claridad ya inundaba la ciudad y los amigos se habían quedado sin ver el nacimiento de la luna amarilla por lo que decidieron ir a desayunar y mas tarde a casa, a descansar, relajarse y planear un próximo encuentro. Todos hicieron prometer a Norman volver a verse antes de que le diera tiempo a desaparecer de nuevo. -" he vuelto para quedarme, no hay nada mas en mi cabeza, de momento"

Hernán le entregó las llaves de casa, él había sido el encargado durante aquel tiempo de pagar el aquiler del departamento con el dinero que Norman le ingresaba cada vez y siempre de modo puntual, el día 3 de cada mes. Habían vuelto, como siempre, a verse charlando con las primeras luces del día, camino cada uno de su casa y sin alargar demasiado el paso. "Nos vemos mañana Norman, no me quedo a quitarle el polvo a esta casa..." -"Ok, yo te llamo cuando despierte a ver si sigues vivo, tenemos que hablar" dijo con el cuello girado mientras ya había introducido la llave en la cerradura y trataba de abrir la puerta. Siempre se le había dado mal aquella maldita cerradura. "Por supuesto, mañana me cuentas"- Respondió Hernán dándole la espalda. Desde que se conocían habían acostumbrado a despedirse así, sin mirarse, dejándose ir sabiendo los dos que no tardarían demasiado en volverse a ver.

Al entrar en la casa todo en Norman volvió a girar, una vez mas, en el mismo día todos los pensamientos puestos del revés. Cada cosa en su sitio tal y como la había dejado al marchar, salvo por la correspondencia acumulada en la mesita de la entrada parecía no haber transcurrido el tiempo en aquella casa. Hernán había pagado religiosamente a una chica que iba 3 veces al mes a arreglar la casa, quitar el polvo y poco mas, eran los días que su amigo aprovechaba para quedarse allí, revisar las facturas pendientes, atender encargos que Norman no pudiera atender o simplemente sentarse a recordar los buenos momentos que habían pasado allí juntos. Nada mas cruzar la puerta se estremeció con aquel olor que ya no recordaba, el de sus cosas, las de verdad, las que se había comprado por el simple gusto de tenerlas, las que le habían regalado, las que había usado y gastado...Libros, revistas sobre deportes de aventura, apuntes desordenados de su época de estudiante en las estanterías...todo ordenadamente desordenado aunque de aspecto limpio, algo que siempre le había preocupado mucho. Los Cd's que mas usaba estaban todos amontonados junto a su viejo equipo de música, un JVC que le regalaron en casa una navidad cuando tenía 21 años y que cuidaba como un gran tesoro. Algunos DVD's también musicales en la mesa baja del salón, frente al televisor, preparados siempre para ser usados. Incluso un paquete de tabaco de no sabía quién y que por alguna razón había guardado hacía ya tiempo. Era muy común eso en él, guardar cosas porque en un momento dado le habían parecido importantes, extrañas, dignas de ser recordadas....y mas tarde olvidar el porqué de aquel extraño souvenir guardado por la casa. Tenía piedras y trozos de madera, conchas y caracolas de playa, trocitos de tela, algún que otro pendiente perdido. Nunca los tiraba, si estaban ahí era porque alguna vez fueron importantes y eso era mas que suficiente para que se merecieran ser conservados. Cruzó el hall recibidor, una pequeña estancia cuadrada con dos puertas, una a la derecha de la entrada principal permitía el acceso a la cocina, larga aunque algo estrecha. La segunda puerta, frente a la de la entrada conducía al Salón principal. Desde la entrada del salón se habría una amplia habitación, luminosa por un ventanal al fondo, desde el que se accedía al balcón que daba a la calle y que a Norman le gustaba tener sin cortinas ni visillos, "la máxima luz posible siempre, a ver si nos iluminamos alguno" solía decir. Si la entrada al balcón quedaba a la derecha del ventanal visto desde el recibidor, desde ahí a la pared se extendía un gran sofá blanco, tan cómodo como complicado era de mantener limpio. Frente a ese sofá, donde tantas noches le había vencido el sueño a Norman (era muy gustoso dormir bajo el en las noches de calor) quedaba una mesa baja con base de piedra y soporte de metacrilato, de forma rectangular, algo estrecha, pero que daba bien de largo, de forma que desde cualquier rincón del sofá se pudiera uno sentar y poner los pies sobre ella, y !cuántas veces les había dado la noche así a sus amigos! viendo películas, partidos de fútbol o simplemente charlando, así, estirados entre el sofá y la mesa, bajo el ventanal mirando nada concreto en la pared de enfrente o siguiendo muy de cerca el televisor...toda la pared izquierda de la habitación estaba ocupada por un gran mueble estantería donde no cabían los libros, discos, objetos inanimados de un no recordado valor sentimental, albunes de fotos y su equipo JVC...en el centro de ese mismo mueble había un ordenador, con una mesa de bandeja movible que sobresalía un poco y en la que se veía el teclado de la computadora bajo el mantelito que alguien, y no había sido él, había usado para cubrir todo el equipo y no se llenara así de polvo, una confortable silla de oficina de cuero negro se encontraba allí, esperando siempre a ser usada. Poco mas había en esa habitación. La televisión quedaba casi en el centro de nada dentro de todo aquello, frente a la mesa baja, pero a una distancia considerable. Una pantalla plana que había mandado a Hernán comprar, era la primera vez que la veía, no le parecía mal el lugar donde se había situado puesto que así, no tendría que mover nada de sitio para verla. La Tv estaba sobre un mueble de metal negro con puertas de crital y pequeños pomos en color metálico de diseño italiano dentro del cual se encontraban tanto el aparato reproductor de DVD's como las películas y películas que Norman había grabado, comprado o que le habían prestado alguna vez y no había devuelto nunca. El aspecto era el de un hogar de diseño minimalista. Era la habitación mas amplia de la casa y así, de esa forma distribuída lucía en todo su esplendor. Decidió dormir bajo el ventanal, tumbado en su gran sofá que tanto había echado de menos y esperar al día siguiente para reordenar su desquiciada cabeza antes de la cita con Hernán. Se durmió pensando en Eva.

1 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Waw, chaval... no te digo más... y te lo digo tó...

7:15 AM  

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