Las increíbles aventuras de Norman Viento (III)
Nadie sabía muy bien a qué se había dedicado Norman durante aquellos años en que estuvo fuera. Unos decían que quizá viajando, algo que siempre había querido hacer, visitar lugares y conocer sus gentes, vivir del aire distinto en cada rincón del mundo, disfrutar los aromas de distintas costas y montañas y, por supuesto, respirar la libertad que siempre le había faltado sin saber muy bien porqué. Otros, los que menos, opinaban que no podía haber llegado muy lejos, que había dejado atrás demasiadas cosas y que seguramente volvería a Sevilla a buscarlas cada cierto tiempo, sosteniendo que sólo había decidido ausentarse del mundo que hasta entonces había conocido y que tarde o temprano volvería a él, a la seguridad que le podía dar el mantener los pies en el suelo, en las calles de su ciudad, de donde nunca debió despegarlos. A lo que él mismo llamaba La sabiduría del fracaso.
El día en que por fin apareció en aquella plaza de la Alameda de Hércules ya no era la misma persona. A pesar de tener el mismo aspecto que siempre, su rostro, cada gesto, cada mirada...decía algo distinto a lo que siempre había querido decir. Sus ojos no brillaban y la ilusión que siempre se le había descubierto en ellos apenas se había convertido y mudado a la media sonrisa con que asimilaba las preguntas y exclamaciones que le dedicaban los que allí le esperaban, en el bar de siempre, la misma esquina y hora a la que acostumbraban.
Aquella tarde tuvo que soportar bromas sobre su ausencia, todos preguntaban, elucubraban distintas historias. Las que habían maquinado en su tiempo desaparecido y las que ahora inventaban sobre aquella mesa de pie, ya rebosante de vasos de tubo ancho de cerveza, tratando de sonsacarle algo en claro al conocido aunque casi desconocido que tenían frente a sí. A pesar de todo Norman esquivaba las preguntas con elegancia, reía y dejaba hacer a los demás. Unos días antes él mismo había hablado con Hernán, su único contacto con la ciudad durante aquellos años, la única persona en la que siempre había confíado. Norman le había pedido que por favor disuadiera a sus amigos de intentar saber dónde había estado, y advirtió a Hernán que sólo les diría que había pasado de viaje aquel tiempo, conociendo el norte de España primero, y toda surámerica después. Y aunque así lo había intentado su amigo la curiosidad de todos era demasiado grande. "Estás cambiado tío, pareces mayor, incluso mas mayor de lo que ya parecías antes", "yo creo que se ha hecho persona, antes era sólo un desastre humano", "¿qué has estado, traficando...?" las chicas, de forma mas sútil le preguntaban por el viaje, los lugares en los que había estado y si había traído algún recuerdo para ellas, cosa que por supuesto había hecho Norman, que acostumbraba a no olvidarse nunca de nadie y menos de aquellos que le importaban. -" y las niñas...¿conociste alguna que te entretuviera para estar tanto tiempo fuera de casa?"- Por supuesto que Norman contestó de forma severa -" conocí muchas, es por eso que estuve tanto tiempo fuera"- y aunque fue una salida grosera y rápida, poco elaborada para el humor que acostumbraba a gastar con sus amigos ,consiguió parecer ameno y cómodo con la situación, aunque su semblante se volvió en ese mismo momento algo mas serio, mas rígido. La vista perdida por sólo algunos instantes...los suficientes para que Hernán pudiera notar la realidad de la situación de su amigo, que como siempre acostumbraba a aparentar una frialdad ante las contrariedades que sabía de sobra que no tenía. Se conocían demasiado bien, cruzaron la mirada en décimas de segundo, Hernán lo avisó sin mediar palabra, -"has bajado la guardia" quiso decirle, y Norman que entendió perfectamente volvió a parecer animado, dejando fluir la conversación, que ahora ya no se centraba en él, sino en ellos, sus amigos, aquellos que se habían casado, que ya no vivían en la ciudad, aquellos que simplemente habían dejado de salir con los de siempre, que trabajaban como importantes negociantes, arquitectos, aparejadores, informáticos...Javi había tenido un niño, Se llamaba Leo, y cuando hablaba sobre él se podía ver su orgullo hinchado, sus ojos brillar y una sonrisa de oreja a oreja que sin dejar asomar los dientes parecía que fuera a explotar de un segundo a otro. Vivía con Jana, siempre se habían gustado aunque sus caminos no terminaran de encontrarse, son esas historias de amor que el tiempo se encarga de poner en su sitio. Esas que todos conocemos y que nos gustaría vivir, esas que pasan de cerca, que inventamos en nuestra cabeza, acompañadas de conversaciones que nunca se van a dar, con respuestas que nunca vamos a encontrar...Pero a Javi y a Jana les había ocurrido, y eran el vivo ejemplo de que los sueños a veces se hacen realidad, de que la espera a veces da sus frutos, la lucha por aquello en lo que se cree, por alguien en quien se confía. Norman sintió una sana envidia de su amigo y era el feliz aspecto de este lo que la provocaba, algo entrado en kilos desde su último encuentro en aquella plaza en una tarde parecida, cuando todavía era un estudiante de telecomunicaciones con muchísimos sueños en la cabeza y cuya mayor ilusión era la de ver cada domingo las carreras de la Fórmula 1, tan en boga en aquellos días por el boom de Fernando alonso. Manu se había casado apenas unos meses antes, en marzo en la iglesia de La Caridad, donde siempre quiso hacerlo Elisa, su novia desde hacía tantos años, y norman nunca apostó por que aquello sucediera, se decía a sí mismo que no podían pasar la vida sin conocer a otras personas, sin probar otros sabores, que debían seguir distintos caminos y quizá, quién sabe, algún día volver a elegirse. Pero ellos nunca se habían separado, se encontraron con 19 años y ahí seguían con 26, conociéndose cada día. Eva estaba soltera, la chica mas guapa de todas las que le habían hablado de seguido durante mas de 5 años en su vida. "Guapa y lista" acostumbraba a decirle siempre que estaban solos - "porqué no te enamoras de mí,Eva?" y ambos brindaban y se reían, demasiado amigos, demasiado cariño...demasiada poca atracción entre ambos a pesar de todo lo que los unía, desengaños amorosos incluídos. Seguía sola, ella lo había elegido así, simplemente no había encontrado a la persona adecuada, sin embargo se había convertido en una publicista de primera categoría, que vivía a caballo entre Sevilla, Madrid y Barcelona y que era reclamada para las principales campañas de publicidad que se hicieran en el país. Laura seguía viéndolos de vez en cuando, pasando por donde siempre y encontrándose de casualidad con los que allí esperaran a los demás. Aunque había elegido un nuevo camino que seguir, otros amigos, otras zonas que frecuentar... son las vueltas que da la vida, los giros. Hernán siempre lo contaba que ella no había soportado muy bien su marcha, fueron novios mucho tiempo, hacían una bonita pareja y todos lamentaron que aquello se acabara y aunque en el momento de partir ya no mantenían la relación existía un vínculo muy fuerte que la unía a la vida de Norman, un extraño magnetismo que ni ella sabía explicar. Puede que su marcha después de todo no hubiera sido tan mala, Laura consiguió rehacer su vida, sacar a Norman de su recuerdo aunque pagando el precio del olvido mas cruel, el de la ignorancia del otro. Norman no se había portado bien, nunca supo agradecerle ni siquiera el empeño que ella puso en mantener una amistad después de su historia, lo mucho que le había apoyado siempre, lo mucho que le hubiera gustado seguir haciéndolo si él la hubiera dejado. Nunca se acordó de ella en todo aquel tiempo, ni un mensaje, ni una carta, ni un "¿cómo va todo?" la había dejado a un lado del camino de su memoria sin saber todo lo que eso suponía para ella, que lo pensaba momento a momento, mucho al principio, cada día menos....que se vio obligada a ver pasar el tiempo y con este ver también como se apagaba el recuerdo de alquien a quien quiso tanto. Obligada a olvidar. Sabía que tenía un asunto pendiente con ella, pero no era aquel el mejor momento para resolverlo puesto que ya tenía una vida nueva, alejada de su recuerdo y con probablemente otras personas cerca que sabrían cuidarla mejor que él. Antonio también terminó sus estudios de publicidad, con menos suerte que Eva trabajaba en una pequeña agencia en Sevilla, aunque era feliz, siempre sonriente, incluso cuando todo iba mal años atrás...hay personas que saben regalar lo mejor de si mismos incluso cuando necesitan ellos ser los regalados, los que reciban de los demás. lo había echado de menos. A todos los había echado de menos...sólo que había necesitado volver a verlos, a escucharlos y sentirlos para poder darse cuenta.
Se sintió fuera del tren de la vida que él mismo había llevado años atrás, eligió bajarse del mismo, encontrar su lugar en otro sitio, incluso creyó por un tiempo, hermoso primero, agónico después, que lo había encontrado. No se arrepentía de haber hecho aquello en lo que había creído, se había dicho siempre que nunca te puedes sentir culpable si lo das todo por algo o por alguien, si crees en lo que haces, si te esfuerzas por lograrlo. Aunque el resultado no sea el esperado. Podía estar orgulloso, ahora, después de tanto tiempo se conocía de verdad, había aprendido a contestarse, o a no preguntarse demasiado, Sabía de lo que era capaz, de todo. Había visto el abismo de la locura tan de cerca que no podía temer a nada, ni siquiera a la muerte, puesto que llegó a enfrentarla varias veces sin querer provocársela. Su corazón, su gesto y su semblante, el extraño aire que le rodeaba se habían endurecido, si, pero también su forma de asimilar los golpes de la vida había crecido junto con sus ganas de volver a hacerse, ahora si, cerca de los suyos. Sabía que tenía que explicar muchas cosas, en realidad, las ganas le podían, quería interrumpir todo, decirles en qué había andado, decirles porqué...pero tampoco eso serviría de mucho, la historia era demasiado larga, demasiado complicada como para reducirla a una simple crisis emocional...Quería que fuese mañana y poder sentarse con Hernán y narrarle por fín todo lo que le había acontecido, a sabiendas de que este, poco dado a hablar de sentimientos a pesar de conocerse tantos años atrás, sabría escucharle mejor que ninguno, sabría callar mejor que ninguno y por supuesto, sabría dejar atrás el tema si eso fuese necesario una vez que todo hubiese sido hablado. De forma extraña sentía que era al único realmente al que debía una explicación, ambos lo sabían, aunque no estuviera escrito, aunque pudieran pasar sin hacerlo, aunque todo volviera a ser como antes, que lo sería, uno y otro esperaban hablar a solas, como habían hecho siempre, no por que no pudieran hacerlo con nadie mas, sino porque eran muchos los días en que se encontraban o terminaban caminando la ciudad solos, fuese mañana o tarde, noche o madrugada de trasnoche con el sol amenazando salir... Dos compañeros inseparables que un día se separaron sin más, y que volviendo a encontrarse debían retomar muchas cosas que habían dejado atrás, entre otras el simple gusto de sentarse al sol a tomar un refresco y poder seguir hablando, aún con el tiempo de la vida adulta dándoles alcance, sobre cómo iban a vivir en el futuro que les venía encima a cada segundo, a qué iban a dedicar su tiempo, cómo iban a cambiar su mundo desde aquellas sillas de metal de la terraza de cualquier bar sevillano.
