Las Increibles Aventuras de Norman Viento (2)
Entró en su vida como la primera gota de lluvia en la última tormenta de verano, cómo esos días de los que uno no espera nada y terminan como regalos para nuestra memoria, felices e imborrables, cómo esas mentiras que decimos, y que son descubiertas cuando casi las habíamos olvidado....Repentina y esperada, irrumpió con su incómodo silencio el ruidoso mundo de Norman, y lo cambió para siempre. A cada palabra que decía le acompañaba una seguridad desconocida para él, estaba toda envuelta en un halo de superioridad ingenua y desinhibida que no hacía sino empequeñecer a todo aquel que osara conversar con ella. Quizá por eso, rodeada de amigos la noche que se conocieron, parecía estar tan sola e importarle tan poco. De vez en cuando tomaba la iniciativa en la discusión que fuera y nadie era capaz de no mirarla mientras conversaba, magnética y distante, y dulce en su habla. . No se atrevió Norman entonces, cuando los presentaron, a dirigirse a ella directamente y a ella tampoco pareció importarle aquello, Y Norman se sintió tan pequeño a su lado que durante mucho tiempo se limitó a observarla, tratando de encontrar el punto débil de la fortaleza que parecía ser, cercana e inaccesible, y rodeada de obstáculos que en principio un tipo tan normal como él no podría salvar. No era norman buen estratega, ni tenía una conversación fluida, no era simpático ni mucho menos gracioso...Él era gris, o así se había sentido siempre, un tipo capaz de pasar sin pena ni gloria por cualquier aspecto de la vida, aspirante a todo y ganador de poco, de muy poco, acostumbrado a dejar pasar oportunidades y a bajarse de cualquier tren en marcha siempre que algo se torciera, y siempre había algo susceptible de torcer.
- “Sabes porqué me gustas?”- lo dijo tranquila, mirando a los ojos de un Norman que todavía trataba de asumir lo que acababa de escuchar, lo dijo con la naturalidad de quien ofrece un cigarrillo, o la lumbre con la que encenderlo, y sin apartar sus ojos, grandes y negros de los de él. Ella era directa, preguntaba siempre lo que quería saber y decía lo que algunos no querían escuchar de igual manera, y nadie se sentía ofendido porque la naturalidad con la que se expresaba, sus ojos profundos y serenos, y a la vez graciosos despertaban en aquel que la escuchara una capacidad mezcla de ternura y disimulada sumisión, desconocida. Incluso el mas bravo hombre en lo que a mujeres se refiriera estaba desnudo ante ella, siendo o no consciente de ello. Sabía cambiar de tema si no obtenía lo que quería y su silencio...era un hacha que se clavaba en la cabeza de cualquiera que pudiera escucharlo, Y Norman pensaba que era capaz de leer sus ojos, verdes y tristes, y nerviosos. –“porque me gusta cómo me miras cuándo hablo”- todavía no había abierto la boca cuando ella ya le había respondido, y lo miro divertida, haciendo una mueca graciosa, arrugando un poco la nariz y doblando sus finos labios, media sonrisa cerrada. Era la primera vez que estaban solos, ambos habían llegado pronto a la cita con los demás en el Café Central, otrora centro de encuentro bohemio en la plaza de la Alameda de Hércules, con una amplia terraza de mesas y taburetes altos donde se estaba mas cómodo de pie que sentado, y que siempre, al caer la tarde se llenaba de gente, de conversaciones tranquilas pero animadas, y donde aunque casi todos se conocían pocos se molestaban en interumpir conversaciones ya iniciadas, porque siempre habría después un momento para compartir, con cualquier excusa, y en el mismo bar. Poco quedaba de ese Café Central romántico e intimista a la vez que concurrido y ruidoso de susurros cuándo nadie quería alzar la voz para no deshacer su magia. Sitiado por las obras de reforma en la plaza, su terraza, primero acerada, había pasado a ser un patio de albero sevillano, esa tierra amarilla y pegajosa, donde el polvo de las máquinas que trabajaban cercanas no cesaba en su intento por molestar a los clientes del bar, y estos, fieles a las tardes de charla que se fundían con la noche, habían emigrado a zonas mas interiores del casco antiguo de la ciudad, donde se preservara esa intimidad consciente y compartida. Y se antojaba una conversación difícil para Norman, que ante ella no sabía sino callar. Se saludaron como de costumbre, dos besos y un “ Hola, ¿qué hay?”. Lo invitó a sentarse en la mesa en la que acostumbraban mientras que Norman había pensado que se sentiría mas seguro de pie, junto a la Barra americana, aunque no supo decir no, y la acompañó hasta allí después de pedir un café cortado para ella y una cerveza para el...era esa incómoda hora de la tarde, entre las 6 y las 7, cuando uno no sabe si aún está a tiempo de pedir un café o si le vendría mejor una cerveza o cualquier refresco que activara su ánimo mas que su somnolencia. Y pensó para sí mismo que bien empezaba su inesperada cita...se maldecía por dentro preguntándose porqué no habría pensado en pedir otro cortado, por poco que le apeteciera, con lo que le gustaba el café largo de negro...y compartirlo así con ella. Se sentó a la mesa, al fondo del bar y desde donde se podía observar quién entraba a cada instante. Pero ella miraba a la pared, sentada de espaldas a la entrada, como si realmente no le importase lo que pudiera ocurrir tras de sí, quizá sabiendo el gusto de Norman por abstraerse de cualquier conversación y mirar cada rato cómo la gente entraba y salía y conversaba...y de nuevo Norman se sintió nervioso, la tendría de frente y no podría eludir en ningún momento de la tarde a partir de aquel sus ojos negros y grandes y divertidos.
-“ No entiendo a qué te refieres”- dijo Norman, todavía perplejo por aquella inesperada salida...claro que sabía a que se estaba refiriendo no se andaba ella con rodeos salvo que quisiera jugar con alguien, pero no era el caso, y Norman dijo lo primero que se le pasó por la cabeza, tratando de ganar tiempo mientras ella volvía a atacar, y preparando así un plan de acción ante su compañera de mesa y ante el propio miedo que se le había presentado paralizándolo por completo. Nunca se había sentido así ante nadie, tan desnudo, tan estúpidamente predecible...
